miércoles, 8 de febrero de 2012

Hoja en blanco y monolitos amorfos

Saludos.

En el oficio de escribir, todos empezamos siempre de cara a la hoja en blanco, aunque ya exista una idea clara de lo que se quiere hacer, siempre nos topamos con ese primer paso de lo que puede volverse un maratón o un paseo, de ese viaje que muchas veces no sabemos a donde va a terminar o que sorpresas nos depara.


He conocido a algunos escritores que frecuentemente me comentan sus ideas. Tienen una visión general de lo que la historia va a narrar, a lo mejor tienen claras un par de escenas, algunas frases clave o ciertos paisajes. Sin embargo no tienen claro del todo a donde va a parar la historia o como empezarla.

La mayoría de los escritores van tomando apuntes ya sea en libretas, en tarjetitas o si hacen comics, incluso pueden garabatear en un papel como se imaginan el layout de la historia. Según la biografía de Tolkien, un día el escribió en un papel la frase "En un agujero en el suelo vivía un hobbit" y durante mucho tiempo no ocurrió nada. Cuando la idea tomó forma, se convirtió en una de las obras  de fantasía más importantes del siglo XX: "El Hobbit".


Ahora bien, de apuntar ideas en un cuaderno, juntarlas en tarjeteros o cargarlas dentro la cartera en forma de papelitos doblados en cuatro; a la ejecución, hay un gran trecho cuyo recorrido inicia, como ya dije, frente a la hoja en blanco.

Durante mucho tiempo padecí esta ansiedad. A veces me internaba en la historia de forma muy azarosa (sobre todo al principio) donde no sabía qué iba a pasar con los personajes ni a donde iban a llegar. "Yo solo creo un escenario, pongo ahí los personajes y que actúen solos" pero eso al final podía resultar más como un entretenimiento personal, que como una historia que le interesara leer a alguien más. Una fantasía privada en todo caso.

Una historia debe tener una idea detrás de ella. La idea debe desarrollarse como los humanos entendemos el tiempo y la vida: nace, crece y muere.
Y frente a esa posibilidad de nueva vida, es donde muchos escritores se detienen en seco, los paraliza el miedo y temen dar el primer paso frente a la hoja en blanco.

La verdad es que hasta hace un tiempo, fue cuando cambié mi óptica sobre eso.

En el ambiente de los comics y de la literatura en general, existe lo que se llama "Primer Borrador" o "First Draf". Básicamente es la idea escrita así como viene, aunque tenga errores de narrativa, aunque deje huecos, es un esbozo inicial. Los escritores flojos se detectan porque suelen presentar esto como la obra terminada.


Dicen por ahí que el "Second Draft" es el "First Draft" menos el 10%.
No vamos a meternos en honduras. La segunda revisión o segundo borrador corrige los detalles que se presentaron, errores de redacción, generan el estilo y hacen mejoras. No hay que temer botar una idea que es bonita pero no cuadra con la historia.



Para hacer una analogía sencilla, pondré este ejemplo.

Es común que estamos viendo una película (sobre todo una que es de serie B, o que no aspira mas que a entretener y ya). De pronto la película termina y empezamos a discutir cómo hubiera sido un mejor final, cómo debió reaccionar tal o cual personaje, cómo debieron haber diseñado al monstruo.

Bueno, pensemos que se quedaron en un primer borrador y estamos haciendo las veces de correctores o editores. ¿No podríamos hacer lo mismo con nuestros propios trabajos?

Si pensamos que ese primer escrito, aun con todo el esmero, va a necesitar una pulidita y lo vemos como un garabato a medio terminar, estaremos entonces ya no en el primer paso, sino a buen trote para recorrer el camino, que tarde o temprano nos alejará de una hoja en blanco, y culminará con una obra terminada.

No hay que olvidar que toda gran escultura fue primero un monolito amorfo que fue tomando forma, primero con cincelazos burdos y luego con detalles finos.

¡A volar!

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