viernes, 21 de noviembre de 2014

La otra revolución del 20 de noviembre

Yo nunca había visto un desfile del 20 de noviembre como el de ayer. Nunca en mi vida había visto tanta gente en la calle, bajo una misma idea. Eso es inspirador.
Acá en Sonora he conocido mucha gente: gente con pensamiento humanista, liberal, democrático, y gente con pensamiento republicano, centralista, conservador... En una democracia todos tenemos derecho a una postura, no solo a una opinión.

La gente humanista y liberal salió a marchar, o si no lo hizo, mostró su acuerdo con dicha postura, aunque le haya causado un retraso para llegar a trabajar, un retraso no mata a nadie. La indignación es compartida, no solo por 43, sino por decenas de miles (¿cientos de miles?) que en las últimas décadas han caído por todo el país.

La gente con posturas mas conservadoras, está molesta pero no con una situación "que a ellos no les afecta" sino con las acciones de este grupo de revoltososo, de anarquistas, de desmadrosos, de gente huevona que busca pretextos para no trabajar, pero que retrasa a quienes si quieren trabajar. Trabajar duro para salir adelante. Gente que temen que el país se desestabilice, que cierren las fuentes de empleo, que este desmadre disguste al gobierno y mande gente a golpearnos a todos, no solo a aquellos revoltosos "que se lo merecen" sino a ellos, que son inocentes y están alineados. "Ya párenle a su desmadre, o nos van a venir a madrear, ¡ya cálmense que la cosa está muy caliente!"

La cosa es que ya están viniendo a madrearnos.
La cosa es que trabajamos duro y seguimos todos cuesta abajo.
La cosa es que los parásitos encumbrados en el poder no están satisfechos y su codicia no tiene límites: no basta el yugo del bajo poder adquisitivo, de la dependencia alimentaria, no bastan todas las redes de prostitución infantil que puedan manejar... si les dieran un peso por la sangre de tus hijos, vendrían a tu puerta a tomarla. No conocen otra vida, son juniors hijos de juniors y no existimos para ellos, así como para el grueso de la población mas o menos acomodada no existe el que te maten a tus hijos por expresarse libremente o decir "esto no me gusta".

Hasta aquí no hay noticias, todos nos sabemos esto.

La cosa con los movimientos sociales es que son viscerales. Podrá haber un par de ideologos por ahí, pero en general las mueve el descontento. Recuerden la revolución francesa: todos estaban de acuerdo en que los privilegios de la monarquía y sus excesos eran demasiados mientras había gente que no tenia para comer y veía morir a sus hijos. Vinieron el fuego, la sangre, y luego la guillotina, no solo para los monarcas, sino para mucha gente que no tenía nada que ver. Y en nuestra revolución mexicana, ¿cuantos gavilleros violaron a nuestras abuelas, mataron a sus padres, robaron lo que pudieron bajo el grito de "viva villa" aunque no supieran ni quien era?.  Por eso mi bisabuela enterró la máquina de coser y los cubiertos de plata. Por eso ocultaron a nuestras abuelas en los aljibes. Fue una generación que sorteó la lluvia de ceniza después del estallido social, y si ellos pudieron, nosotros podremos. Eso es lo que le diría a los que temen "un estallidos social" - como si no lo hubiera ya.

Así son las revoluciones, es la naturaleza humana. No evitamos que los parásitos derramaran la sangre de quienes los incomodaron, pero los parásitos no se van a terminar nunca. Cambiarán de nombre y apellido, pero al final buscarán lo mismo. Por eso las revoluciones son cíclicas. Así que es tiempo de meterle sesos a este asunto.

A la gente decente y trabajadora no nos interesa la política ni el sindicalismo porque todos son una bola de corruptos. ¿A quien si le interesa? A los que ven ahi un modo eficaz de acumular poder y riqueza. Pero si no nos involucramos, ¿cómo vamos a evitar que esa perversa maquinaria siga caminando? ¿Después de deponer al ejecutivo, al legislativo y al judicial; quienes de la ciudadanía van a ocupar esos escaños? ¿realmente podemos seguir creyendo en mesias o tlatoanis incorruptibles?

Así que retomo la pregunta que a modo de broma hiciera ayer un amigo arquitecto: "Ya llegamos a Los Pinos ¿Y ahora que?"

¿Cómo vamos a lograr que tras el derrocamiento de esos zares vanos que tenían al pueblo sumido en hambre, bajo el ideario de la lucha de clases y la emancipación del trabajador; no llegue otro Stalin listo a asesinar a diestra y siniestra con tal de perpetuarse en el poder, bajo la bandera de "los enemigos del pueblo"?

Las cosas tienen que cambiar, definitivamente, pero no lo lograremos si pensamos que después del impulso de rabia e inconformidad, después de ejecutar a los que señalemos como culpables; todos queramos regresar a "nuestra vida cómoda"... aunque lamentablemente es el deseo común de los seres humanos, buscar la estabilidad, sobre todo cuando la lucha por la sobrevivencia ha sido cruenta.

Es el destino inexorable de quienes toman su destino en las manos, de quienes elijen la libertad: tener que gobernarse a si mismos, y hacerlo con rectitud. Involucrarse de principio a fin con lo que ellos creen, sin importar las consecuencias. La antorcha de la libertad ilumina, pero también es atemorizante.

¿Cuántos podrán seguir esta llama sin quemarse y cuantos preferirán seguir sumidos en la helada, pero conocida oscuridad de la sumisión? ¿Quienes serán los valientes y quienes los cobardes?

¡A volar!







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